La advertencia que ninguna mamá motera debería ignorar

Hay noticias que uno preferiría no leer. Esta es una de ellas. Pero contarla es la única manera de que no se repita.

El jueves 23 de julio de 2026, minutos antes de las 8:00 de la mañana, una motociclista con siete meses de embarazo intentó pasar una volqueta en la carrera 17 con calle 51B sur, barrio San Carlos, localidad de Tunjuelito, sur de Bogotá. El espacio era mínimo. El peso de su cuerpo y el de la moto la desestabilizaron, cayó al piso y el vehículo de carga pasó por encima de ella. La mujer murió en el lugar. Su bebé, expulsado por el impacto, alcanzó a estar unos minutos con vida antes de morir. El parrillero que la acompañaba salió ileso.

No hace falta adornar la historia. Un segundo, una maniobra y un punto ciego bastaron para acabar con dos vidas. Y aunque el video circuló por toda Colombia, lo que de verdad importa no es la imagen: es la conversación que quedó abierta en cientos de casas moteras del país.

Empecemos por lo que dice la ley, porque hay mucha confusión. En Colombia ninguna norma prohíbe que una mujer en estado de embarazo conduzca una motocicleta o vaya de parrillera. No hay multa, no hay restricción, no hay comparendo por eso. Lo que sí existe es una realidad médica: el embarazo cambia el centro de gravedad, modifica el equilibrio, aumenta el cansancio y reduce los tiempos de reacción. Y la moto, por más experiencia que tenga quien la maneja, no perdona ninguna de esas tres cosas.

Para miles de mujeres en Palmira y en el Valle la moto no es un lujo ni un capricho: es el trabajo, es llevar los niños al colegio, es llegar a la cita médica, es el domicilio que paga el arriendo. Decirles “no la use” y ya es muy fácil desde un escritorio. Por eso este blog no viene a prohibir nada. Viene a poner sobre la mesa lo que sí está en tus manos.

Lo que sí puedes controlar

Lo primero es hablar con tu médico. Cada embarazo es distinto y solo un profesional que conozca tu caso puede decirte hasta cuándo es razonable seguir rodando. Esa conversación vale más que cualquier consejo de internet.

Lo segundo es el trayecto. Si vas a moverte, que sean recorridos cortos, conocidos, con buena luz y por vías que no estén destruidas. Evita las horas pico, evita la lluvia, evita rodar de noche y evita por completo las vías donde circula carga pesada. Volquetas, tractomulas y camiones tienen puntos ciegos enormes: si tú no ves el espejo del conductor, él no te ve a ti. Esa regla no tiene excepciones.

Lo tercero es la posición. Ajusta manubrio y postura para que el abdomen no reciba presión, no vayas encogida y no fuerces la respiración. Si aparecen mareo, náuseas, dolor abdominal, contracciones o simple fatiga, detente. No es debilidad, es sentido común.

Lo cuarto es el equipo. Casco certificado y bien ajustado siempre, chaqueta, guantes, pantalón resistente y calzado cerrado. Y nada de maniobras bruscas: menos velocidad, menos zigzagueo, menos frenadas de última hora, menos adelantar por espacios que no existen.

Lo quinto, y quizá lo más difícil de aceptar, es saber cuándo parar. En las últimas semanas del embarazo lo más sensato es buscar otra forma de moverse. No para siempre. Solo por un rato.

Y hay algo que casi nadie menciona: una moto en mal estado multiplica todos estos riesgos. Frenos que responden tarde, llantas lisas, luces que no se ven, un kit de arrastre flojo o una suspensión vencida convierten un susto en un accidente. Si ya estás cuidando cada detalle de tu embarazo, la moto merece el mismo nivel de cuidado.

En Palmimotos CDA Palmira revisamos motos 2T y 4T todos los días y sabemos que detrás de cada placa hay una historia, una familia y muchas veces una casa que depende de esas dos ruedas. Cuidarte a ti también es cuidar la máquina que te lleva.

La ley no te va a prohibir manejar. Pero hay decisiones que no se toman por miedo a una multa, sino por amor a quien viene en camino.